Tsuioku no Joukei







Volumen 08 - Capítulo 48

Invitación
















Maho lo miró en silencio por unos segundos para entonces volver su atención al casillero; terminó de quitarse la camisa, la guardó y después sacó una toalla y se la echó sobre el hombro.

—Cambiándome —respondió sencillamente.

Tetsu abrió y cerró la boca, tratando de encontrar una respuesta adecuada para aquello. No le hacía las cosas fáciles el que ella estuviera sin camisa.

—¿No te has dado cuenta de que alguien podría entrar aquí mientras te estás cambiando? —recuperó por fin la voz.

—Había trancado la puerta. Cuando entré pregunté en voz alta si había alguien aquí. No tengo la culpa si tú no respondiste —replicó ella mientras cerraba el locker y se volvía hacia él.

Tetsuya tragó saliva.

—Maho, creo que sería una buena idea que te vistieras.

La médium arqueó una ceja y esbozó una media sonrisa.

—¿Por qué habría de hacerlo si aún no he tomado mi baño? Además, yo no me estoy quejando de que estés sólo con una toalla —lo señaló con la nariz—. ¿O tienes algo más ahí debajo?

El muchacho agarró el nudo de la toalla como si éste se fuera a deshacer con sólo la mirada un tanto divertida y maliciosa de su novia.

—Eso no tiene gracia.

Ella se rió bajito y meneó la cabeza.

—Al contrario, Tetsuya. Estás casi armando un escándalo sólo porque estoy de sostén. Sin embargo no es muy diferente a usar traje de baño —señaló Maho, llevándose una mano a la cintura—. Y dudo mucho que hayas visto nunca a una chica con menos que eso.

—Eso no viene al caso, Maho —replicó él, retrocediendo un paso al ver que ella empezó a caminar en su dirección—. ¿Adónde vas?

Maho trató de controlar las ganas de reírse frente a la expresión de casi pánico de él. Pasó a su lado meneando la cabeza, preguntándose por qué los varones eran tan tontos.

—Voy a tomar un baño —respondió finalmente.

Eso fue suficiente para terminar con el autocontrol de Tetsuya. Giró sobre los talones, agarró a su novia de las muñecas y, con un rápido movimiento, Maho se vio atrapada entre el armario y él.

Éste apoyó las manos a ambos lados de la cabeza de ella, a fin de mantener una distancia razonable entre ambos. La proximidad que él se permitió, no obstante, fue suficiente para que Maho sintiera escalofríos en la piel. Y nada tenían que ver con la temperatura.

—No deberías jugar con fuego, Maho —dijo en voz baja, la respiración acelerada y los ojos fijos en ella.

La médium se humedeció lentamente los labios, preparándose para responder, pero se interrumpió al percatarse de que su gesto atrajo los ojos de Tetsuya directamente a su boca.

Muy despacio ella inspiró y exhaló por la boca, antes de inclinar la cabeza ligeramente y mirarlo con ojos entornados.

—A estas alturas ya deberías saber que me gustan los desafíos.

Tetsu apartó la mirada de sus labios y la fijó en sus ojos zafiros.

—¿Cuál es el desafío esta vez, Maho? ¿Hacerme entrar en combustión espontánea? —preguntó, bajando la voz hasta un susurro casi inaudible, que ella sólo escuchó porque él acercó el rostro y le habló casi en el oído.

Maho cerró los ojos al sentir su respiración cálida acariciarle el cuello. Él la miró por unos segundos, sintiéndose extrañamente contento de percatarse de que la tenía completamente a su merced.

Maho dejó escapar un suspiro cuando él por fin se acercó y le besó un punto sensible detrás de la oreja. Lentamente Tetsu bajó las manos hasta los hombros de ella, trazando su contorno mientras le recorría los brazos hasta depositar las palmas abiertas en su cintura.

Había una fina capa de sudor en la piel de ambos a causa de la lucha. Maho sintió los dedos de él deslizarse por la cinturilla del pantalón, rodeando su cintura una, dos veces antes de rodearla completamente con los brazos.

A esas alturas los labios de Tetsuya se habían deslizado por todo su cuello, subiendo por las líneas de su rostro, raspándola ligeramente visto que no se preocupó en afeitarse los últimos días.

Cuando Tetsuya finalmente alcanzó su boca Maho ya jadeaba, los ojos cerrados. Hasta entonces ella no había hecho más que permitir sus avances, pero cuando los labios de ambos se encontraron ella reaccionó alzando las manos hasta posarse sobre su nuca y cerrando los dedos en su suave pelo negro, para luego jalarlo con firmeza hacia sí.

Él podía sentir el pecho de la joven subiendo y bajando contra el suyo, el calor que irradiaban sus cuerpos, el toque sorprendentemente suave de los dedos de Maho en su nuca, deslizándose hasta sus hombros mientras ella correspondía fervorosamente a su beso.

Fue con algo de dificultad que se separó de ella, cuando ya les faltaba el aire. Tetsu cerró los ojos y apoyó la frente en la de ella, tratando de recuperar el aliento.

—Es mejor que vayas a bañarte en tu cuarto. El entrenamiento de la primera clase está terminando, pronto van a estar tocando la puerta —señaló con voz ronca.

Esta vez ella asintió sin protestar. Tetsu dio un paso atrás y la liberó un tanto a disgusto de sus brazos, permitiendo que ella volviese al casillero para vestirse.

Fue sólo después que Maho abandonó el vestuario —con una sonrisa ligeramente satisfecha en los labios— que él se permitió relajarse, aunque mínimamente.

Aquello no había sido exactamente sabio de su parte. ¿Qué habría pasado si alguien los hubiera pillado en una posición y situación tan comprometedoras? ¿Qué tipo de explicación podría darle a Masaka Houshou de ser descubiertos?

Se sentó en uno de los bancos y respiró hondo, la cabeza gacha. A pesar de lo que le podía decir su consciencia, la verdad es que no sentía ni una pizca de arrepentimiento por lo que acababa de pasar y, bueno, estaba ileso, lo que significaba que a Maho tampoco le pareció malo que él la arrinconara contra un casillero estando los dos semidesnudos...

Sin embargo eso no se podía repetir. No mientras estuvieran bajo el techo de los Masaka. Y fue por eso que, media hora más tarde, estaba frente a su novia con mil y un planes formando un torbellino en su mente.

—Maho... ¿Quieres viajar conmigo a uno de los hoteles de mi padre?